Adios mi Waren
Partió hace 2 semanas luego de haber gozado de una buena vida durante casi 14 años. Lo elegimos entre 3, el único jaspeado entre sus oscuros hermanos. Este schnauzer enano llegó a una casa donde alguna vez hubo un par de ardillas y sería todo respecto a mascotas. La experiencia era nueva para todos. Estuvo punto de ser expulsado en varias oportunidades (ropa y muebles roídos, alfombras manchadas y mordeduras varias), pero siempre se salvó. Nadie fue capaz de renunciar a esa mirada dulce.
Su naturaleza era la de un perro guardián, pese a que su porte no lo ayudaba mucho, su ladrido incesante podría llegar a sacarte de quicio. La fuerza de sus dientes dejó marcas imborrables inclusive en la nariz de mi padre que, a pesar del encontrón, nunca dejó de quererlo. Pese a estos detalles Bam Bam cambió nuestras vidas para siempre. Parecía comprender la pena de quien lloraba o estaba triste… ahí estaba él, pegado al que sufría, dando y demandando cariño. Al llegar de un viaje de un par de días corría a recibir al recién llegado con toda la alegría que podía expresar. Podía pegar sus desconocidas pero ni un solo día dejó de recibir una caricia. Se bañaba todos los domingos, tenía su cama en un rincón de la cocina y se paseaba por todos los rincones de la casa. Le gustaba jugar con su pelota y nunca le gustaron los huesos... tenía gustos refinados el niño. Invitado obligado a viajes fuera de Santiago y vacaciones, no se le podía dejar solo porque nadie ajeno a la familia pudo alguna vez darle un plato de comida. Con el paso de los años y el deterioro de su salud ese panorama fue cambiando, en la última etapa a penas reclamaba con la visita de un extraño.
Empezó a quedar ciego, a perder el pelo, pero su esencia era la misma. Un perro fiel a su familia, querendón. En febrero sufrió una especie de derrame cerebral, y a pesar de que lo llevamos al mejor especialista en la materia nunca volvió a ser el mismo de antes. Caminaba chueco y a penas tenía autonomía para poder movilizarse por la casa. La llamita se iba a apagando. Eran varios los males que lo aquejaban y por más esfuerzos que hiciéramos no podíamos seguir extendiendo su agonía… el Waren nunca volvería a ser el mismo de antes. Mi madre y mi hermana decidieron sacrificarlo, la veterinaria dijo que no se podía hacer mucho más porque de un mal caería en otro. Todos nos despedimos, ya lo habíamos hecho cuando cayó enfermo en febrero. Ahora era para siempre. Los enterramos en el jardín de la casa, donde tanto le gustaba tomar el sol.
Su partida dejó un vacío inmenso. Con tan solo mirarlo los problemas pasaban a un segundo plano porque era tal la ternura que inspiraba que era imposible no acercarse a jugar con él o hacerle cariño. No me importaban mayormente los animales hasta antes de su llegada a nuestra casa, luego de ello mi percepción cambió completamente. Lo echo mucho de menos, todavía no me acostumbro a ver su rincón vacío. Estaba sufriendo y no podíamos permitirlo. Hubiera sido egoísta de nuestra parte. Fue hijo, hermano, guagua, mono, chancho, bestia, piraña, etc, etc. Para mi fue un rayito de luz que cambió mi vida para siempre. Claro que hay pena, el Waren formó parte importante de mi vida desde los 14 años… pero más que todo existe un cariño inmenso y una gratitud infinita, porque sin siquiera darse cuenta hizo mucho mi familia y por mí. Gracias mi Waren precioso, nunca, nunca te olvidaré.
PS: Waren: dícese del perro enano y peludo, capaz de moverse tan rápido como un ratón, escabullirse y hacer maldades.





